«El Coleccionista de Miradas»
Alfonso Castellón
Investigador y Crítico de Arte
La práctica gráfica y mural de Hernando León despliega una ontología del paisaje que excede la mera representación: su obra no solo muestra, sino que instituye modos de existencia. La obra de este creador sempiterno, opera como formas de presencias que, a la manera heideggeriana, revelan mundos. Desde la gnoseología, su indagación visual opera como heurística experimental; las series gráficas son hipótesis visuales que se someten a prueba en la textura del papel, la tela y la pared. Su innovación no reside en la indagación de un gesto espectacular, sino en la hibridación técnica -grabado, pintura, mural, escenografía- y en la materialidad del proceso, donde la paciencia del buril y la modulación cromática produce una gramática propia del paisaje.
Desde la antropología y la sociología podemos leer esas imágenes como prácticas de memoria colectiva, archivos performativos que negocian identidad y almacenan poder; sin embargo, aquí resuenan las advertencias de Adorno y Marcuse sobre la museografía que, en ocasiones, instituye un pensamiento identitario y neutraliza alternativas interpretativas. Dicho esto, estéticamente, su aporte no reside en una cierta «grandiosidad», sino en la tensión entre línea y color: la direccionalidad, los escorzos y hasta algunos anaformismos que desestabilizan la mirada configuran una puesta en escena pictórica que dialoga con la deconstrucción abstracta sin renunciar a la densidad del signo, sino que lo reconfigura; su innovación está en la hibridación técnica y en la materialidad del trazo, en la capacidad de convertir el paisaje en estructura simbólica sin perder la magnitud pictórica.
Psicológicamente, sus imágenes convocan procesos de identificación y duelo; sociológicamente, actúan como nodos de memoria. Es pertinente, en ocasiones, adoptar escepticismo respecto de andamiajes institucionales, sean estos de naturaleza organizativa, sociales o emanados de otras esferas de autoridad, así como de cualquier otro andamiaje que aspire a clausurar la exégesis más rigurosa o la interpretación, asociada a una determinada obra de arte; conviene, en cambio, leer desde soportes hermenéuticos que permitan siempre la apertura y la pluralidad de sentidos; la magnificencia impuesta para algunos artistas, en muchos lugares del mundo, a veces puede responder a otros intereses más que a méritos técnicos y fenomenológicos de belleza.
No obstante, este autor considera que la obra de León merece especial atención al descubrir desde una mirada exegética: un prolífico rigor técnico, su ética del archivo y su capacidad para hacer del territorio un sujeto poético; en ese cruce reside su verdadera grandeza y su ethos fenomenológico-filosófico; él une magistralmente lo matérico, lo simbólico y las tradiciones, fusiona con maestría, tradición y vanguardia, aún cuando no siempre armoniza de manera impecable luz y sombra. Esta dialéctica creador-espectador-observador (el que actualiza la percepción y el que contempla la intención epistemológica y crítica, respectivamente), junto con una hermenéutica icónica-analógica, permite ir regulando los juicios y entender la esencia de la obra. Se puede evocar, sin forzar analogías, la levedad en cuanto a ligereza estética y hondura que surge de la densidad simbólica en atención al paisaje, a Neruda y la compasión de la Mistral, pero no como sentimentalismo, sino como hondura ética; o la meditación de Octavio Paz sobre el lenguaje; pero la obra de León reclama lectura crítica (análisis objetivo) que conviene hermenéutica filosófica, etnografía, exégesis y psicología social para evitar lecturas monolíticas y la teatralización excesiva institucional.
Las perspectivas analíticas, las formulaciones epistemológicas y la articulación crítica, son producto de una composición inédita que integra referencias culturales y filosóficas en clave interpretativa propia, en armonía con la templanza y el sosiego de quien traza en silencio, midiendo cada línea con la precisión de una regla interior.
Una selección de la obra del artista en comento, se exhibe actualmente en la Sala Marta Colvin del Centro de Extensión de la UBB, Chillán, hasta el 15 de julio del presente año.